Ciclos de la creación y tawhid

Geidar Dzhemal

Ciclos de la creación y tawhid

Poistine.com

20/02/2013

Traducido del ruso



El concepto de los ciclos de la creación despierta muchas preguntas y hasta perplejidad entre los musulmanes y los no musulmanes. La absoluta mayoría de nuestros contemporáneos está acostumbrada a interpretar la doctrina monoteísta de la creación en el sentido de que se trata de un acto único, que se da una sola vez y no se repite. A nivel inconsciente la gente cree que el carácter único de la creación refleja la unicidad del creador, dado que a pesar de las severas advertencias de la teología monoteísta, de todas formas los hombres trazan la analogía entre la creación y el Creador. Además para el “hombre natural” que no se ha transfigurado dentro de la muy específica perspectiva del monoteísmo puro, sigue siendo actual el aristotelismo con su doctrina de que el universo no tiene principio y es eterno.

A pesar de que en teoría las personas pueden saber que no es así, de todas maneras el “hombre natural” depende de la afirmación de que el ser a su alrededor es el objeto absoluto que siempre ha existido, existe y existirá. La visión aristotélica de la ausencia del comienzo y la eternidad del mundo de alguna manera se funde con la visión monoteísta del carácter único de la creación y forma una especie de amalgama que predomina en los amplios círculos de la ecúmene mediterránea estos últimos dos mil años.

Al mismo tiempo la postura de los monoteístas que defienden el carácter único de la creación es favorecida por el hecho de que la doctrina de los ciclos es propia de las tradiciones paganas, para las que constituye la explicación fundamental del ser manifestado. De Babilonia hasta India, de los aztecas y los incas hasta China, todas estas variedades de la metafísica sostienen que el mundo tiene cierta duración, dentro de la cual pasa por una serie de épocas de la Edad de Oro a la Edad de Hierro. Cuando esta duración termina sucede un eclipse, y después el mundo de nuevo aparece fresco y prístino, preparado para el próximo ciclo. Este punto de vista habitualmente está relacionado con la comprensión de la realidad metafísica a través del concepto del absoluto despersonalizado que proporciona la infinita posibilidad para la manifestación. Para esta visión metafísica no existe el Sujeto incondicionado y perfecto, que conocemos a través de la revelación de los profetas.

El problema consiste en que algunos datos que nos proporciona la metafísica de los paganos, no pueden anularse por el hecho de que su fuente sea el conocimiento de los sacerdotes hostiles al monoteísmo. Corán distingue entre aquellos “poseedores del conocimiento” que “están arraigados en la justicia”, y otros, cuyos conocimientos no llevan a la justicia. Los que “están arraigados en la justicia” testimonian que no existe otra alternativa en la adoración, salvo la adoración de Allah. Pero eso no anula el conocimiento de otros, aunque sean enemigos de los monoteístas.

En el Corán se pueden encontrar múltiples  confirmaciones del hecho de que la creación no posee un carácter único y singular. Es además imposible porque tan solo a Allah le pertenece la unicidad y la singularidad. La multiplicidad (repetición) de la creación no es más que otra expresión de la desigualdad entre el Creador y la creación.

“¡Y cuántas generaciones de los que han vivido antes que ellos, hemos destruido! ¿Acaso sientes ahora (su presencia) o escuchas algún murmullo de ellos?” (19:98).

“Nosotros los hemos creado y hemos fortalecido su constitución y cuando queramos, pondremos en su lugar a otros semejantes a ellos” (76:28)

“Si os apartáis, os reemplazará por otra gente y no serán como vosotros” (47:38)

El Altísimo está libre de la necesidad de crear algo – Él es autosuficiente. No depende de los resultados de cada creación concreta, del final del drama, contenido en la creación. La propia creación por definición “no es el Creador”. En otras palabras, cuando Allah crea algo, es algo aparte de Él. Al ser Allah absoluto, algo aparte de Él solo puede representar la total ignorancia con respecto a Él. Allah crea el ser/realidad como el desconocimiento de Él, porque ese desconocimiento es la expresión negativa del hecho de que Allah está por encima de cualquier conocimiento, de cualquier posibilidad de conocer algo sobre Él.

La substancia de la creación, por lo tanto, es la pura ignorancia, inercia absoluta que no sabe que está limitada por algo, no sabe nada de su principio y su fin, de que tiene un Señor que la ha creado. De esa substancia Allah separa a un ser – Adán, en el que “introduce de Su Espíritu”, es decir una partícula de Espíritu Divino. De esta manera, en la noche de la infinita ignorancia se manifiesta una partícula infinitamente pequeña de Espíritu Divino, que forma lo subjetivo dentro de lo creado, la propia posibilidad de testimonio. Esta partícula pone límite a la inercia que parece infinita; precisamente a esta partícula se dirige la revelación que desciende de Allah.

Son los únicos datos de entrada que Allah deja para que la creación resuelva el problema planteado. Por un lado, la infinita oscuridad de la substancia, por otro – la partícula infinitamente pequeña del Espíritu Divino. Esa diminuta partícula debe triunfar sobre la inercia que la rodea y triunfar sobre el ser, que es la ignorancia de Allah. Si alguien tiene dudas de que la creación por sí misma representa la inercia de la ignorancia y la oscuridad, que recuerde la aleya coránica:

“Allah es la luz de los cielos y la tierra. Su luz es como una hornacina en la que hay una lámpara; la lámpara está dentro de un vidrio y el vidrio es como un astro radiante. Se enciende gracias a un árbol bendito, un olivo que no es ni oriental ni occidental, cuyo aceite casi alumbra sin que lo toque el fuego. Luz sobre luz. Allah guía hacia Su luz a quien quiere. Allah llama la atención de los hombres con ejemplos y Allah conoce todas las cosas” (24:35).

Es decir que “los cielos” y “la tierra” no poseen la luz por sí mismos, no lo son. Incluso el fuego, del que Allah ha creado a satán, es fuego sin luz, llama negra en la que arderá el ser, condenado.

Así que los datos de entrada son – la oposición de la infinitamente pequeña partícula del Espíritu a la infinitamente pesada inercia del ser creado. El Altísimo no está interesado en que la creación funcione como un reloj, ni que vuele como un cohete, en base a los cálculos matemáticos, hacia un objetivo dado, al que no puede no llegar, siguiendo las leyes invariables. Hacer la creación que funcione como un reloj, en el que todo transcurra como dentro de una caja de música, donde cada hora las damas y los caballeros pasan girando al compás del sonido – sería fácil para el Altísimo, pero semejante creación no tendría ningún sentido. Altísimo ha creado la situación en la que la solución es el milagro máximo, extremo. Parece completamente inverosímil que algo infinitamente pequeño – una chispa – pueda triunfar sobre algo infinitamente grande, un montón de ceniza inerte (desde el punto de vista del Espíritu). Pero es lo que exactamente quiere Allah.

La historia de la creación posee la trama dramática escrita por el pensamiento divino, que debe terminar con la resurrección y el juicio. Pero no todos los actores que han salido a escena son capaces de interpretar el guión. Dado que los propios actores en 999 partes de 1000 también están compuestos de la misma inercia, de la oscuridad de la substancia de la creación. Está claro que los destinos de la partícula de luz superior, lanzada a las tinieblas inferiores, son muy complejos y trágicos en el entrelazado de todos los factores, que prácticamente todos sin excepción trabajan justamente para que triunfe la oscuridad. Pero en eso desde el principio consiste el objetivo de la creación – repetirse hasta que no se produzca la milagrosa ruptura, hasta que esta partícula del Espíritu se convierta en el centro para los elegidos, orientados hacia ella, y esos elegidos, a su vez, se transformen en la principal unidad combativa que decida el resultado de la lucha. Solo entonces Allah intervendrá del lado de esta pequeña unidad y apoyará la ruptura conseguida por sus servidores y guerreros.

Se podría objetar: ¿y la omnisciencia del Creador? ¡Él sabe cómo va a terminar cada prueba concreta, cada creación, sabe si los actores serán elegidos para la representación y si serán capaces de representar la obra hasta el final sin defraudar a los espectadores!

El conocimiento del Altísimo es distinto al de la creatura. Cuando el hombre sabe algo por adelantado, parece como que ya no le hiciera falta plasmarlo. Pero existe el conocimiento del espejo, al que es imposible engañar. “Sabe” al mismo tiempo todo lo que se refleja en él y a la vez está abierto a cualquier posibilidad. No se puede coger el espejo por sorpresa, enseñarle algo para lo que no esté preparado. Al mismo tiempo el espejo permite manifestarse a todo en su totalidad. Esta metáfora permite comprender que existe el conocimiento que, abarcándolo todo, no anula la libertad. El guión está predeterminado, no está predeterminada la solvencia de los actores que participan en la trama. En eso consiste la misericordia Divina. En el caso contrario, nuestros ruegos, dirigidos al Creador, no tendrían ningún sentido.
 


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