Estalinismo como forma de reacción internacional

Geidar Dzhemal

Del libro Liberación del Islam /Osvobozhdenie islama/, recopilación de textos, Moscú, 2004

Traducido del ruso 



                                        Con ocasión del 50-nario de la muerte de  J.V. Stalin

ESTALINISMO COMO FORMA DE REACCION INTERNACIONAL

La mayoría de nuestros contemporáneos identifica el estalinismo con las personas mayores – “gentes del ayer” que pertenecen a las capas más desfavorecidas de la sociedad rusa o jóvenes marginales que apenas saben qué es lo que defienden. Si se les dijera a estos “optimistas” que el estalinismo real nos rodea por todas partes, que, sin ir más lejos, está en las llamadas “reformas” - ¡ no se lo creerían ! La verdad es aún más espectacular – probablemente veamos como el estalinismo se hace con el planeta.

En 1917 ocurrió un hecho sin precedentes en la historia: en el territorio ocupado por el imperio ruso fue eliminado de golpe el sistema elitista que era un importante eslabón del sistema planetario de dominio y explotación. Tan solo en una ocasión histórica anterior ocurrió algo similar – cuando en 1789 se produjo la Revolución Francesa. Pero aquel experimento acabó veinticinco años más tarde con la restauración monárquica. Las ejecuciones de los aristócratas en la guillotina no afectaron en realidad más que a la parte más pasiva de la aristocracia liberal, aquella que no estaba preparada para defender sus privilegios con las armas. A raíz de la restauración la clase dirigente francesa salió fortalecida y ampliada gracias a la incorporación de los arribistas napoleónicos y de la alta burguesía, después de haber pasado por una especie de perestroika modernizadora.

En Rusia la eliminación de la clase dirigente tradicional se convirtió en un hecho irreversible. Es a lo que se refieren los enemigos del proyecto bolchevique ruso  (como Zbignew Bzezinski) cuando llaman a Rusia “agujero negro”: aquel gigantesco país dejó de formar parte del sistema mundial y sus nuevos amos después del año 1917 (independientemente de quienes fueran) ya no entran y nunca más podrán volver al establishment que gobierna el mundo, formado  a lo largo de los últimos siglos.

El golpe asestado al sistema fue tan fuerte que a lo largo de los quince años que siguieron a la caída de los Románov (hasta el año 1933) existía la posibilidad de extender la revolución fuera de las fronteras de la URSS y provocar la caída de los regímenes capitalistas, por lo menos en Europa Continental. 

No fue así porque pocos años después de la toma del poder por los bolcheviques (neojacobinos en su género) el leninismo revolucionario fue vencido en una cruel lucha intestina por el estalinismo contrarrevolucionario. Este término, por el nombre de Stalin es el que mejor describe la esencia del fenómeno, aunque los contemporáneos le aplicaron otros, sacados de la historia revolucionaria francesa: girondismo, termidor, bonapartismo, etc. Pese a que el estalinismo ciertamente muestra los mismos síntomas – disminución de la intensidad revolucionaria, la decadencia y la reacción típicas de la contrarrevolución francesa, se convierte en realidad en un fenómeno fundamentalmente nuevo, desconocido hasta entonces. Escondida detrás de la consigna de la dictadura del proletariado, en Rusia se hace con el poder la pequeña burguesía lumpenizada, anunciando importantes cambios globales en la distribución de las fuerzas sociales a escala mundial.

“No hay gente más práctica y más cínica, dispuesta a resolver todos los problemas a través del asesinato, que los plebeyos privilegiados, que siempre aparecen al finalizar la revolución, cuando lava se solidifica sobre el fuego, cuando la revolución de todos se convierte en la contrarrevolución de pocos contra todos” – así caracterizaba el conocido escritor franco-ruso Víctor Serge en su novela “Media noche del siglo” lo que ocurrió en Rusia a finales de los años 20, comienzos de los años 30. En la literatura soviética las fuerzas enfrentadas del leninismo y del estalinismo se encarnan con la máxima fuerza en los personajes de Pável Korchaguin, creado por Nikolai Ostrovski (“Así se templaba el acero”) y Pierre Prisipkin creado por Mayakovski (“El chinche”). Como ha hecho notar uno de los investigadores actuales de la historia soviética, por su forma de ser íntima Stalin se parecía mucho a Prisipkin. Pero Stalin comprendía perfectamente que con semejante “recurso” le iba a ser imposible conservar el poder frente a las múltiples amenazas internas y externas. Por ese motivo Stalin se vio obligado a utilizar retórica y técnicas políticas destinadas a engañar a los “korchaguin” para poder utilizarlos como su fuerza de choque. La misma retórica logró engañar y por mucho tiempo a la izquierda mundial. Incluso aquellos líderes de la resistencia anticapitalista en Occidente que veían con sus propios ojos como el poder soviético en la URSS se estaba mutando, consideraban que su deber era callar y participar en la mentira de Stalin porque creían que la revolución mundial no tenía otra base política.

Incluso  Trotski mantuvo la misma postura, al decir que había que defender la supervivencia de la URSS a toda costa, ya que, incluso a pesar del régimen estalinista, detrás había un estado de obreros y campesinos. Ni siquiera él, pese a su aguda crítica de la “contrarrevolución termidoriano-bonapartista de Stalin, se dio cuenta de que aquello no era simplemente un retroceso, ni bajada de tensión revolucionaria, ni tampoco un tumor dentro del proyecto marxista-leninista original. No se dio cuenta de que el estalinismo estaba preparando el nuevo orden mundial, cuyo perfil podemos ver ahora: se trataba ya de un ensayo de la era posdemocrática global. Fue cuando la consigna de la dictadura del proletariado dejó el paso a lo que se escondía detrás de ella –  el pisotón definitivo de la “bota de hierro de la oligarquía mundial”.

¿Qué movía a Stalin personalmente a la hora de exterminar a sus antiguos compañeros políticos y  de colocar en el poder al lumpen desideologizado? ¿Lumpen que al poco tiempo se convirtió en  la cínica y prepotente clase burocrática, cuya única preocupación consistía en ensanchar permanentemente el marco de su propio consumo material ?  En nuestra opinión, la característica más destacada de la psicología de Stalin era su deseo de entrar en el sistema mundial. Sistema que proporciona garantías de subsistencia para el día de mañana, pasado mañana, etc. Stalin quería entrar en el sistema mundial como miembro de pleno derecho, cosa que únicamente podía hacer utilizando la fuerza. Stalin proyecta su modelo conservador de una manera muy particular. Establece un marco muy rígido de relaciones internas entre distintas capas sociales y  de relaciones externas entre los estados. Una vez establecido este marco,  se hace totalmente imposible salirse de él. Así era la estructura formal del régimen estalinista maduro en el año 1949.  Así era el “nuevo orden de Yalta”, creado con la participación de Roosevelt y Churchill. Yalta nos descubre el verdadero contenido íntimo del proyecto estalinista – triunvirato que gobierna el mundo, nutrido por los inagotables recursos humanos y materiales del planeta. Algo así como el faraón colegiado global.

El estalinismo (¡y no el comunismo de guerra!) es el que crea el perfil de la economía postconsumista , cuyo motor principal son los superproyectos de alcance cósmico. Industrialización, grandes obras, bomba atómica, la conquista del cosmos – todos estos proyectos constituyen las pirámides estalinistas que cambian la naturaleza del mundo. De la misma manera ven los futurólogos de hoy la economía oligárquica global del mañana. Stalin no creía en la sucesión familiar, nunca preparó ni a Vasili, ni a Svetlana como sus herederos políticos – cosa que sí hacen sus epígonos de hoy en Rusia. Todos ellos salieron del forro de su abrigo de generalísimo y se desparramaron a lo largo y ancho de la Comunidad de los Estados Independientes. Stalin pensaba que la sucesión no estaba en los parientes, sino en el aparato, que tenía para Stalin un significado místico, incluso fetichista. El aparato debía convertirse en el modelo autoreproductivo, que de generación en generación siguiera seleccionando los cuadros necesarios.

En Rusia, tal y como preveía Trotski, la partocracia ideologizada desaparece para dar paso a la restauración del capitalismo en su variante más disminuida -  de tipo colonial. El triunfo del estalinismo a nivel planetario no representa el final de la lucha marxista contra la burguesía. Representa la creación de una nueva sociedad posburguesa, en la cual la tradicional relación con los medios de producción (proletario – empresario) pierde sentido y el poder en todo el mundo pasa a manos de la burocracia internacional y la mafia corporativa multinacional, formada a partir del mismo lumpen omnipresente.


Interunion

2017 - Península Ibérica Interunión