La lucha política en el futuro de la posguerra

Geidar Dzhemal

La lucha política en el futuro de la posguerra

 www.odnako.org,  #18 (127), 12 de junio de 2012


El mundo de hoy se encuentra ante el dilema que esencialmente está contenido en la organización fundamental de la sociedad humana: el género humano en su actual estado es incapaz de mantener “el pago” por su existencia. No se trata de que los grupos humanos cada vez más reducidos se apropian de la proporción cada vez mayor de las riquezas mundiales, y que la desproporción global entre los productores y los consumidores lleva a la economía universal hacia el colapso. Es totalmente cierto, pero la verdad es mucho más profunda.

La existencia de la sociedad mundial está basada en la continua y total alienación del tiempo vital de todos sus miembros, mientras que este tiempo alienado sufre una revalorización permanente y constituye la substancia básica del capital mundial. En última instancia se crea la contradicción entre el precio demasiado bajo del tiempo vital de la absoluta mayoría de los habitantes del planeta y los gastos necesarios para mantenerlos dentro del formato de la sociedad global. La única salida de esta situación para las élites mundiales consiste en la drástica separación entre lo que estas élites consideran como “civilización” (ciudad mundial) y la absoluta mayoría de la humanidad que queda fuera de este marco. Semejante perspectiva por sí misma no significa el fin del globalismo. Se trata de su fundamental reestructuración. El nuevo globalismo del futuro será la geoeconomía de la guerra permanente.


Guerra civil mundial

En este camino se suprimirá el derecho internacional tal y como se había formado a partir del Tratado de Westfalia. En consecuencia, es necesario acabar con la soberanía de los estados nacionales, en primer lugar de aquellos que por sus dimensiones y el dinamismo del crecimiento económico representan un serio desafío para la burocracia internacional y los amos que se esconden detrás de ella. El límite entre el viejo orden mundial en el que predominaba la idea del valor supremo de la vida humana y el nuevo orden mundial en el que la mayoría de los humanos serán equiparados a las malas hierbas que deben ser arrancadas, será la Tercera Guerra Mundial, con los principales frentes en  Asia del Sur y la región del Pacífico.

Este enfrentamiento interestatal de gran fuerza destructiva y con las consecuencias catastróficas para toda la región surasiática y del Pacífico tendrá que completarse, según los planes de los estrategas del “club de los señores”, con la guerra civil en la Gran Europa. A lo largo de esta guerra serán liquidados los paradigmas socio-políticos arraigados en el continente europeo durante los últimos 200 años. En algunos aspectos la sociedad europea retrocederá hacia los tiempos del feudalismo tardío.

Claro que no todo seguirá de acuerdo con los planes de la superélite. Ya hoy crece la resistencia de los pueblos frente al Sistema de forma más radical, la lucha armada se lleva a cabo desde Afganistán y hasta Argentina. Con el derrumbe de la organización actual del control planetario (y será inevitable ante las conmociones de semejante calibre como la guerra mundial, máxime con el uso del armamento nuclear incluso limitado), la lucha entre los estados inevitablemente pasará a los sangrientos enfrentamientos civiles, que juntándose con otros focos regionales de guerras intestinas, formarán el frente “multipolar” de la guerra civil mundial. De hecho ahora hay guerras civiles en Siria, Libia, Yemen, Myanmar, Colombia, Somalia, Sudán. Al borde de la guerra civil se encuentran no menos de un par de decenas de países más.

Las fuerzas principales del frente asiático de la guerra mundial serán China e India. Precisamente allí la guerra tendrá su continuación “civil”. La salida de China del sistema del globalismo económico (República Popular China – el taller, Occidente – el supermercado) llevará al colapso social, agravado por al menos cinco focos del nacional-separatismo – Tíbet, Tsintsián (Xinjiang), Mongolia Interior, Manchuria y Guangzhou (Cantón).

En India la guerra civil se alimentará del enfrentamiento entre los musulmanes, sikhs, castas inferiores y los hinduistas. Completadas con las guerras en Indochina, estas guerras civiles se unirán a lo que esté ocurriendo en Europa, las llamas se expanderán a África y América Latina. Los EE.UU. ya hoy están al borde de la guerra civil y sus clases dirigentes se están preparando para las represiones masivas contra su propia población.


Monarquía es la madre del orden, la mafia es inmortal

La guerra civil “multipolar” se convertirá en la base de la política mundial, en su fuente de alimentación. Toda la casuística liberal y los falsos rituales de la democracia electoral pasarán a la historia, la voluntad política, lo mismo que hace 500 años, se manifestará mediante la presión armada directa. Lo cual de todas maneras ya ocurre hoy a nivel del diálogo OTAN – Tercer Mundo. Sin embargo en la política interior aún se conserva la ilusión de que se mantiene el campo del derecho y los objetivos comunes que motivan la disciplina social de amplias capas de la población. Las primeras señales de que esta ilusión se ha disipado y que ha comenzado el diálogo de fuerza del poder con el pueblo también nos las proporcionan los Estados Unidos.

En las condiciones de guerra civil mundial el concepto de soberanía nacional pasará a formar parte de historia legendaria. La burocracia internacional será reorganizada y se convertirá en la administración mundial o el gobierno mundial que regirá mediante el uso de la fuerza los territorios controlados. Detrás de este gobierno mundial estará el “club de los señores”, para el que se abrirán amplísimas posibilidades para la restauración revanchista del sistema de valores monárquico tradicional. Probablemente se realice el plan que los monarcas-parientes pretendían llevar a cabo cuando desataron la Primera Guerra Mundial – el consejo de los monarcas que se presentará como la instancia legítima suprema sobre la faz de la Tierra, que estará en perfecta simbiosis con la cúpula del establishment clerical. En este consejo no habrá diferencias substanciales entre las casas reinantes y las dinastías que por algún motivo tuvieron que renunciar al trono. Se trata de la actualización de todas las “casas” históricas, de tal manera que la restauración del estatus del monarca no signifique el retorno al formato de las monarquías nacionales absolutistas del pasado. (Otra cosa es que los planes de hace más de cien años se tendrán que llevar a cabo en las condiciones muy parecidas a las del año 1919: resistencia masiva mundial de los pueblos frente al poder supremo).

Inevitablemente tendrá que cambiar la organización político-administrativa de la “ciudad mundial”, dentro de cuyo marco no quedarán estados nacionales.

En primer lugar, esto quiere decir que no habrá ejércitos nacionales. Ya en actualidad están siendo activamente sustituidos por las empresas militares privadas. En realidad ya hoy las fuerzas armadas de los estados de Occidente se forman en base al contrato, lo que las convierte tan solo nominalmente en “nacionales”. Las empresas militares profesionales integrarán los cuadros de las actuales fuerzas especiales profesionales, al que se añadirá el elemento criminal más adelantado, disciplinado e implacable. Así se pasará al principio condotiero (del italiano “condotta” – contrato para realizar el servicio militar) de la formación de la fuerza armada al servicio del gobierno mundial. Mafia que hoy representa la parte sumergida del iceberg del Sistema, se legalizará y se convertirá en la parte operativa de la administración mundial. De hecho es la perspectiva de la legitimación de su entrada en los escalones superiores de “la ley y el orden” lo que asegura al Sistema la actual lealtad del crimen organizado. Las estructuras mafiosas aseguran no menos del 50% de estabilidad al orden mundial actual a través de las manipulaciones con el dinero negro, violencia extralegal y la burla de los obstáculos a la libre empresa contenidos en las legislaciones nacionales. En los Estados Unidos desde los tiempos de preguerra la mafia está firmemente integrada en el sistema federal, aunque de momento nominalmente se encuentra fuera del campo del derecho. La legalización del elemento criminal será uno de los cambios socio-antropológicos más importantes del futuro. 


Fin del mundo

Naturalmente este cuadro del mundo presupone la desaparición del mercado y la supresión del, como les gusta decir a los economistas, “invento más antiguo de la humanidad” – el dinero. El proceso de la transformación del dinero, hasta la total disociación con su idea fundamental, fue iniciado después del año 1945 y prosigue a toda marcha. Hoy son dinero los valores, lanzados por las instituciones especulativas paraeconómicas, así como sus derivados de segundo y tercer orden. El valor total de semejante “dinero” que está en circulación, supera muchas veces todo el volumen del capital mundial, lo que obliga a mantener el juego permanente de la revalorización de este capital hacia el aumento de su precio.

El gobierno mundial del futuro saldrá de este círculo vicioso, tan solo cuando recurra a los mecanismos de la economía política posconsumista, donde solo se podrá acceder a los bienes a través del permiso de entrada estrictamente controlado en el espacio informático de red. La propia producción de estos bienes, siguiendo la idea del gobierno mundial, será concentrada en áreas limitadas estrictamente vigiladas (la producción agrícola por su carácter cerrado y grado de protección recordará los actuales cultivos de droga, sobre todo de aquellos que se encuentran bajo el control de la rama farmacéutica oficial).

Si la actividad del gobierno mundial fuera el juego con una sola portería, Fukuyama tendría razón (tan solo adelantándose un poco a los hechos). Semejante remodelación de la estructura social de la sociedad global significaría el fin de la historia, pues el único proceso vivo en la tierra sería el exterminio de la población sobrante. Es, sin embargo, un proceso estrictamente tecnológico y no histórico. 

Para la suerte de todos los que no están intoxicados por el veneno de la lealtad al Sistema, el exterminio de los seres humanos no será tan fácil. La expulsión de la gigantesca parte de los que viven ahora fuera del marco de legitimidad, el abandono de las pretensiones de construir una civilización humana común, en la que todos tienen derechos y cada uno puede pretender la felicidad, se convertirá en un colosal factor de movilización, que forjará la voluntad política alternativa.

El bando que se opondrá al gobierno mundial será no menos mundial red de comunidades armadas, que concentrará en sus filas a los enemigos más activos del Sistema. La lucha de estas comunidades contra el neofeudalismo global se apoyará en aquellas regiones de la Tierra que menos  serán afectadas por la guerra en Asia. Con toda probabilidad estas regiones serán Rusia, Oriente Próximo y América Latina (el continente africano está prácticamente condenado a convertirse en uno de los principales escenarios de la confrontación armada entre las fuerzas del gobierno mundial y sus enemigos).

Sería erróneo pensar que la futura lucha armada entre la cúspide neomonárquica y los de abajo tendrá la forma de la cacería de los condotieros armados hasta los dientes de los casi indefensos “aborígenes”. De la misma manera que en la época del feudalismo tardío y el Renacimiento, que en la historia humana destacan por las guerras de carácter ideológico especialmente devastadoras, la cultura intelectual vivió un florecimiento sin precedentes, desconocido en los tiempos más pacíficos y estables. Así en el futuro drama de la humanidad preescatológica, seguramente se descubrirán los últimos recursos, ahora difícilmente imaginables, del más alto intelecto. Dado que el sistema de producción estará basado en la sobreexplotación de las mentes dentro del espacio interactivo informático, la actividad de los hiperhackers se convertirá en uno de los instrumentos fundamentales de la lucha contra el Sistema. Se trata de enemigos dignos unos de otros.

La ideología del gobierno mundial será el socioteísmo: visión del mundo basada en la restauración de la ideología simbólica centrada en el ser ontológico (el paradigma platónico – N. del T.).

La doctrina de las comunidades será la religión del sujeto trascendente,  el culto de la justicia, basado en el concepto del significado final,  la predisposición hacia la culminación escatológica del drama histórico.


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