Tres tesis del Islam político

Geidar Dzhemal

Tres tesis del Islam político

Poistine.com
7/06/2012

 

I. El Islam político está en contra del orden mundial en su totalidad

1. Bajo ninguna de sus formas el orden mundial es aceptable para el Islam político, porque el objetivo del Islam es la finalización de la historia, la victoria de Mahdi, quien “llenará el mundo de justicia, como antes estaba lleno de la opresión” – para dar el paso al final del antiguo ser, a la muerte y la resurrección para el juicio del Altísimo. De modo que en la Sunna se indica que antes de la llegada de Mahdi el mundo “está lleno de opresión (Zulma)” y esta característica suya no depende del tipo de formación económico-política de las partes que lo integran y regímenes concretos etc. El orden mundial es un arma de Iblís, al que Allah ha permitido tentar al hombre, “entrándole por la izquierda, por la derecha, por delante y por detrás.” Es fundamental la afirmación de que hasta la llegada de Mahdi es imposible construir el “orden mundial justo” – la justicia solo puede existir dentro del jamaat islámico.

2. La mayoría de los musulmanes vive inmersa en dos dimensiones: una religiosa y otra cotidiana diaria. En la dimensión religiosa están concentrados en la oración diaria, cumplen las obligaciones litúrgicas. En lo cotidiano procuran encontrar un nicho ecológico para la supervivencia, y si no se meten con ellos a propósito consideran que no tienen problemas. Sin embargo semejante posición contradice la indicación de Allah de que umma está colocada en el centro para testificar contra la humanidad, en tanto que el Profeta será el testigo contra la umma. De manera que el musulmán que abandona su misión de monoteísta, desertando a la vida cotidiana – se opone al ejemplo del Profeta y huye de la posición central hacia la periferia, hacia donde los musulmanes con respecto al mundo no son nadie. La postura real del musulmán debe estar determinada por el hecho de que su oposición a la injusticia del orden mundial, a las intrigas de Satán y de los gobernantes, que por definición son sus siervos, es la parte fundamental de su servicio a Allah, sin la cual ni la oración, ni el ayuno tienen fuerza. La oposición al orden internacional o su ausencia es lo que diferencia al hipócrita que cumple con el salat, del verdadero monoteísta que está orando.

3. Todas las teorías acerca de la necesidad de someterse al gobernante en el Islam, son inventadas por los enemigos del Islam y los traidores que posan en el papel de “ulemas”.  Los hadices que afirman que hay que someterse a cualquier gobernante, incluso injusto, para recibir la recompensa del Altísimo – son una calumnia omeya contra el Profeta, que se desmiente aplicando el método que nos ha dejado el propio Profeta (s.a.w.s.): “Si el hadiz transmitido de mí se corresponde con el Corán – es cierto, aunque yo no lo hubiera dicho; si contradice al Corán  - es una calumnia contra mí”. El Islam no fue enviado por el Altísimo al mundo para caer bajo el dictado de los gobernantes injustos, aunque se definan como musulmanes. Allah dice directamente que los gobernantes que Él ha puesto en todos los poblados son delincuentes. La lucha contra el orden mundial implica la lucha contra los elementos de este orden, incluidos aquellos munafik, a los que el orden mundial coloca para controlar a los musulmanes.

Veamos, como ejemplo, a los salafistas egipcios que para las elecciones después de la caída de Mubárak crearon el partido “An-Nur”. Mientras se luchaba contra Mubárak, ellos estaban de su lado. Ahora se han lanzado adelante para coger terreno e impedir que crezca la influencia del Islam político. ¿Acaso no son los colaboradores del orden mundial, a pesar de sus pobladas barbas y los chichones que tienen en la frente de tanto rezar?

4. La verdadera lucha contra el orden mundial comienza justamente hoy, cuando el factor islámico ha adquirido un significado verdaderamente mundial, siendo al mismo tiempo perseguido y oprimido. Existe el fenómeno del globalismo que envuelve a todo el globo terráqueo con las complejas relaciones humanas, interrelaciones económicas y políticas, además de la tecnología informática.  El actual desarrollo de la infraestructura tecnotrónica de gobierno llegó a tal nivel, que las fuerzas represivas comenzaron a depender demasiado de ese factor de apoyo. El colapso de la red electrónica de control supondrá un duro golpe para las estructuras de seguridad del orden mundial, para la misma posibilidad de organizar la dirección. Por otro lado, no hay ningún pueblo, ni rincón en la tierra que, junto a los inmigrantes, no tenga a sus propios musulmanes. En las épocas anteriores el Califato de Bagdad alcanzó el estatus de la única superpotencia mundial donde un hombre podía haber nacido a orillas de Sir-Daria, haber estudiado en África y luego enseñar en España. Sin embargo, a pesar de este florecimiento, en tiempos del Califato en occidente y en oriente habían crecido dos fuerzas antiislámicas, cuyas consecuencias umma sigue sufriendo hasta el día de hoy: los cruzados y los mongoles de Gengis Khan. Los abasidas permitieron que Europa renovara el proyecto de Roma pagana, y como resultado se convirtiera en el principal instrumento de Satán en la nueva historia; tampoco estaban preparados para responder al reto pagano que provenía de las profundidades de Eurasia nororiental, cuyo resultado fue la creación de un imperio burocrático, que asestó un durísimo golpe a las posibilidades espirituales e intelectuales de la comunidad islámica mundial. Por eso incluso en los mejores tiempos de su florecimiento el Islam no era un factor tan universal y central, como lo es ahora, convertido en el objeto del odio y persecución por parte de todas las fuerzas unidas del orden mundial.

5. “Orden mundial” no es una expresión figurada, sino una concreta indicación sobre la unidad interna y la continuidad de aquellas fuerzas satánicas que utilizan el factor humano y gobiernan la sociedad. Desde los tiempos de los faraones y hasta el día de hoy cambian las formas del orden mundial, pero la esencia de las clases dominantes y la propia naturaleza del poder permanecen invariables. Iblís organiza a la humanidad en su característica fundamental, que el Altísimo define en el Corán: “En verdad, hemos creado al hombre de una gota, pero es hostil definitivamente”. Distintas civilizaciones, gobernadas por los sacerdotes (clericales) – son distintas formas en las que se manifiesta la ideología de Iblís y existen para que sus representantes sobre la tierra puedan gobernar a la humanidad con mayor facilidad. La última activación de las fuerzas satánicas está representada por el gobierno mundial de hecho (que no necesita una forma jurídica), que en su esencia representa el “Comité de bienvenida de Dajjal”.

Precisamente por eso el Islam no puede estar limitado por el marco geográfico de un “espacio civilizatorio”, estar circunscrito a determinados países; se trata de un factor universal. Por eso el objetivo del Islam político es la creación del gobierno mundial alternativo, no atado a ninguna parte concreta de la tierra, a ninguna unión de países o de imperios.


II. El Islam político ve en la sharia un medio y no un fin

1. ¿Es sharia una ley? No, no es una ley, porque la esencia de sharia consiste en que es un mandato establecido por Allah para separar y diferenciar a aquellos que siguen Su camino del resto de la humanidad. Sharia es la línea divisoria que separa a aquellos que siguen el camino de toda creación, de aquellos que han salido al camino recto de Allah. ¿Y qué es la ley? En la vida de la humanidad hay dos tipos de ley, teniendo en cuenta que ambos son paganos y realizan la dictadura de Satán sobre los seres humanos. Desde el punto de vista de los paganos, la ley está representada por un eje cósmico permanente, alrededor del cual gira todo lo existente. Los brahmanes en la India llaman a la ley “Dharma”, que significa asta en posición vertical o eje. Ellos consideran que su objetivo es la conservación del Dharma. De donde se deduce que la ley pagana tiene el origen clerical, es decir que lo establece la casta de los sacerdotes, que señala que estas leyes proceden del “Cielo”.

Para la humanidad liberal “neopagana” las leyes, en opinión de los juristas germanos, tienen como su fuente “la tierra”, es decir las raíces étnicas, cuyo origen se pierde a la lejanía del tiempo y de la tierra patria. Los musulmanes conocen bien lo que son las leyes, basadas en la tierra – son los adat que representan un obstáculo fundamental para el Islam.

En los tiempos más recientes ha empezado a prevalecer el tercer tipo de leyes: aquellas que los juristas vendidos escriben “sobre la marcha” para los intereses de los oligarcas y la burocracia. Sin embargo todos estos tipos de leyes representan la voluntad de tagut, a la que un musulmán no puede apelar, a la que no debe obedecer, contra la que debe luchar. Todas esas leyes reglamentan la organización del hombre de tal manera que se asemeje a Iblís como el reflejo en el espejo se asemeja al original.

2. Sharia tiene como finalidad liberar al hombre de la esclavitud del servicio a Satán, de ser el “reflejo de Satán en el espejo” lo convierte en un ser independiente, que obedece únicamente a Allah. Sharia no se dirige al inconsciente como, por ejemplo, el derecho romano, o las leyes tribales de los antiguos germanos o eslavos, - es decir que no tiene relación con la “tierra”. Sharia no apela a la magia como las leyes de los hinduistas o los babilonios, para convertir al hombre en operador de las energías cósmicas. Esto significa que sharia no está relacionada con el “Cielo”. Sharia se dirige directamente a la conciencia del hombre, a este núcleo único de su personalidad que morirá y será resucitado. El objetivo de sharia es obligar a este núcleo de personalidad – el “Yo” humano interior, a no dormirse, a permanecer despierto mientras el hombre permanece en esta vida. Gracias a lo cual se construyen todas las relaciones de los hermanos dentro de la comunidad. Sharia es el reglamento del ejército durante la marcha y en combate.

3. La gente corriente obedece las leyes sin pensar. Esas leyes representan para las personas una fuerza externa. En cuanto cambian las condiciones de existencia (se corta la corriente eléctrica en una megápolis como Nueva York), la gente bajo el shock ante el cambio brusco de la situación se olvida completamente de las leyes: rompe los escaparates, roba, viola (un buen ejemplo podría ser el comportamiento de la población durante la inundación en Nueva Orleans). La experiencia demuestra que los no musulmanes, cuando desaparece la fuerza exterior que les obliga a observar “la ley” se comportan como el caballo al que le quitan la silla y las bridas, o incluso un perro que se ha soltado de la cadena. Tan solo un pequeño número de humanos conserva alguna barrera interior que corrige su comportamiento.

Para el musulmán sharia es una norma interior consciente que se practica a través de la aplicación de la voluntad consciente. Naturalmente esta aplicación exige conocimientos teóricos y necesita de las personas especializadas que pueden aplicar estas disposiciones teóricas a la resolución de problemas (kadi). Sin embargo el objetivo de sharia es diferenciar a los musulmanes de los no musulmanes, de convertirlos en un destacamento especial, para el que la observación del reglamento interior representa el esfuerzo de la conciencia en estado de vigilia, y no el resultado del adiestramiento y de la presión externa.

4. Los discursos sobre “el Estado shariático” en realidad esconden la intención de asestar un golpe a sharia, porque la convierten en el producto de una específica organización burocrática, alienada de las personas, del jamaat. El “Estado” es tagut, no debe existir en el Islam, porque establece unas relaciones no islámicas entre las personas en lo horizontal y relaciones no islámicas entre la capa dirigente y los gobernados en lo vertical. Cuando se habla de los Estados en referencia a la Antigüedad y la Edad Media se trata de un error terminológico, porque se refieren a la “sociedad política”. El Egipto de los faraones era una sociedad política, en la que, indudablemente, el faraón se situaba infinitamente por encima de un simple campesino, y sin embargo (según el Corán) él se dirigía a su pueblo diciendo “soy vuestro Señor supremo”. Lo que testimonia una relación entre la cúspide absoluta de arriba y el fondo absoluto de abajo, aunque sea en esta forma. Islam no puede crear semejante “sociedad política”, porque se trata de la forma de organización controlada por aquel a quien Allah creó del fuego. Sin embargo el Estado aparece muy tardíamente en la historia, cuando surge el aparato burocrático. Entonces los reyes y los presidentes ya no dicen al pueblo “soy vuestro Señor supremo” – la comunicación queda interrumpida, ya no hay necesidad de mantenerla. El gobernante no cobra sentido porque gobierna a su pueblo – su sentido reside en la obediencia directa a Satán. El pueblo tampoco puede dirigirse a su gobernante por encima de su aparato. El Estado rompe las conexiones entre los de arriba y los de abajo. Como resultado los gobernantes tienen que inventar la “democracia representativa”, para proporcionarles a los de abajo la ilusión de intercomunicación.

En los tiempos del califa justo Umar un musulmán podía acercarse a él con la espada y decir que le matará si abandona la vía recta. Con los abasidas los califas se tapaban la cara como con hiyab, porque consideraban que umma no era digna de ver a su gobernante. Todos los discursos sobre el “Estado islámico” son la consecuencia de la penetración en la conciencia de los musulmanes de los modelos y ejemplos de tagut.

5. Para realizar la sharia en la práctica no hace falta alienarla y entregar su control al sistema burocrático que ocupa unas determinadas fronteras geográficas. Para aplicar la sharia es suficiente con la comunidad de hermanos que la practica entre sí y con el mundo exterior porque es su voluntad política. Es su ordenanza como de la unidad de combate del ejército de Allah. La red mundial de los jamaat, que practican sharia, es la manifestación práctica de la clase de aquellos a los que el Altísimo ha elegido para realizar su designio. Son los elegidos que se enfrentan a las élites del orden mundial. No obstante hay que recordar que la ordenanza existe para que el ejército pueda combatir y vencer sin ser una banda partisana. ¡Pero no es el ejército el que existe para la ordenanza!


III. El Islam político se apoya en el método y doctrina de la teología política

1. En los 14 siglos en el mundo islámico no ha aparecido nada que en pleno sentido de la palabra se podría llamar ideología islámica. Muy pronto después de la salida de Hijaz (Península Arábiga – N. del T.) los árabes se encontraron con la filosofía griega, y en seguida el mal comprendido Aristóteles ha pasado a ocupar un influyente lugar que no le correspondía en las mentes de los musulmanes dedicados al pensamiento. Hasta el punto de que cuando se mencionaba la palabra “Maestro” todos entendían que se trataba precisamente de Aristóteles. Además, los árabes entendían tan mal el significado del mensaje de Aristóteles que le adscribían algunos textos de Platón e incluso de los neoplatónicos. Por su espíritu y su letra el pensamiento griego se oponía al Corán, pero los filósofos árabeparlantes no lo entendían, y los que luchaban contra ellos lo intuían, pero no lo sabían demostrar, por eso la influencia aristotélica fue suprimida por vía administrativa a través de su prohibición. La cuestión sobre el auténtico pensamiento, basado en la interpretación del Corán partiendo de la lógica coránica quedó abierta. Durante la Edad Media y más tarde aparecieron las doctrinas de los sufís, que se inspiraban en el neoplatonismo, es decir en las formas rebuscadas y refinadas del panteísmo. Entre la visión de Muhyiddin ibn al-Arabí y la doctrina de Plotino sobre lo Uno, o la doctrina del hinduista medieval Shankara Acharya sobre la no dualidad – no existe ninguna diferencia. Si cogemos un texto de la obra de Molla Sadr (fundador de la escuela de Qum de la teología chiita) y una página de Duns Escoto sobre el tema de sus correspondientes doctrinas acerca del ser – estas páginas se podrían confundir – hasta tal punto dicen lo mismo, cuando uno era un estudioso medieval de Oxford, y otro, que había vivido 200 años más tarde era un seguidor del irfán en Irán.

Los argumentos contra la filosofía por parte de los musulmanes habitualmente se basan en que se trata de la reflexión acerca de la naturaleza de las cosas ocultas para el hombre, por lo que el que reflexiona sigue sus opiniones, que no poseen ningún valor objetivo, y todavía menos son necesarias para la salvación del alma. Semejante argumento contra la labor intelectual contiene dos errores fundamentales. El primero es que en el Corán se le impone al hombre la obligación por parte del Altísimo de servirle y de conocer (“Hemos creado a los genios y a los hombres para que Nos adoren y para que comprendan - ´abudu ua arifu”). En otras palabras, si el hombre fuera un ser cuya esfera de actividad mental se limitara a la supervivencia práctica y las operaciones con objetos materiales, no tendría ningún sentido crearlo como separado del mundo animal, sin embargo en el Corán Allah nos dice “que introdujo en Adam de Su Espíritu”. Lo cual significa que el hombre tiene la capacidad fundamental para pensar y comprender las cosas invisibles. El segundo error de los enemigos del “filosofar” consiste en que asocian cualquier reflexión al intento de comprender objetos desconocidos que se encuentran fuera del límite de la experiencia humana. Pero ignoran la dirección central de investigaciones tan importante como la comprensión por parte del hombre de las posibilidades y condiciones del propio conocimiento, el estudio del propio pensamiento. El pensamiento del hombre transcurre en su cabeza, le fue dado por el Altísimo como un instrumento y la esencia de este instrumento puede ser estudiada, comprendida y controlada por el hombre. En la filosofía histórica musulmana es fácil encontrar las reflexiones acerca de la “substancia” y la “esencia”, elucubraciones acerca de los sifat de Allah etc. Pero en vano buscaremos ahí el análisis de los procesos del pensamiento y el análisis de la capacidad de juicio que salga de la gramática práctica, algo cuyos inicios podemos encontrar ya en los filósofos griegos tempranos.

La teología política se basa en la absoluta y consecuente aplicación del tawhid (principio del monoteísmo – N. del T.) y del método del tawhid, con cuya ayuda se analizan cada palabra y cada aleya del Corán. Muchos creen que este principio se da por sobreentendido, porque para los musulmanes seguir el tawhid es obligatorio y precede a todo. Sin embargo un número enorme de nuestros hermanos no diferencian entre tawhid y wahdat, que son dos conceptos diametralmente opuestos. Wahdat es la unidad de la que se deduce la identificación final entre el Creador y la creatura, Tawhid es la unicidad de Allah, que no tiene analogía, ni parecido con nada, y que se opone a todo lo que es, porque todo el ser es la ignorancia de Allah hasta el momento en el que Allah Se descubre ante Adam, al que Él coloca como Su representante en el centro de la creación. Sobre la base de wahdat coinciden todos los paganos más adelantados: Platón, los brahmanes hinduistas, taoístas chinos, y aquellos de los musulmanes que se dejaron atrapar por la tentadora idea de la “unidad del ser”. Muy pocos musulmanes se sitúan sobre la plataforma de tawhid de manera absoluta e incondicional. Si no fuera así hoy los no musulmanes no serían nadie y los musulmanes serían los dueños absolutos del mundo. Sin embargo Allah (SWT) ha hecho providencialmente que hasta cierto momento los musulmanes sean ignorantes, porque Él ha entregado este mundo a Iblís como una prueba para los creyentes, y este mundo tiene que ser vencido, también, a través de un proceso complejo y doloroso por el que los mejores de la umma llegan a comprender  qué es el tawhid.

2. La teología política aplica el tawhid, en primer lugar, para comprender qué es lo que Allah nos ha revelado en el Corán. Como ya se ha dicho, tawhid señala  la absoluta no coincidencia de Allah y de todo lo que no es Él. Lo que significa que con respecto a todo lo que no es Él no se puede aplicar las mismas fórmulas de afirmación que con respecto al Altísimo. No podemos hablar de Allah como de un objeto que existe junto con otros objetos. De este modo tawhid suprime la interpretación literal de los textos coránicos, a la que son proclives los wahhabitas. Al mismo tiempo tawhid no permite interpretar los textos del Corán como metáforas o símbolos, a lo que son proclives los biniyia (buscadores del significado oculto del texto coránico). La aplicación del tawhid de manera totalmente consecuente al texto del Corán permite sacar de él las doctrinas de las realidades fundamentales, con las que trata umma: hombre, sociedad, historia, poder y, por último, la propia umma como la mejor de las comunidades.

El Islam político necesita conocer íntegra y detalladamente las realidades descritas, ya que sin su descripción doctrinal no puede formular y proponer los objetivos inmediatos sobre el escenario político global. Además, el Islam está llamado a proporcionar a los musulmanes y a aquellos a los que se dirige para que acepten el Islam, una visión del mundo homogénea, que borre la concepción del mundo que está en sus cabezas (incluidas las cabezas de muchos musulmanes). La ciencia actual occidental en sus principales planteamientos se sigue basando en la visión del mundo neoplatónica, que viene de la antigüedad greco-latina. Los físicos actuales no creen en la unicidad de Allah, sino en la unidad del ser e intentan demostrar que los átomos siguen las mismas leyes que los planetas. Si los musulmanes creen que estos problemas no son asunto suyo y que el significado del Islam se reduce tan solo a una colección de preceptos éticos, - tendremos una muestra del infantilismo y de la incapacidad de posicionarse como el centro intelectual de la humanidad.

3. Uno de los rasgos característicos de los musulmanes actuales que tienen miedo al “intelectualismo” y a “filosofar” es su desconfianza hacia la lógica. Lo cual, de nuevo, hunde sus raíces en la falta de la tradición de autoanálisis y del estudio de las leyes de la reflexión, que quedaron fuera del campo de atención de los primeros pensadores musulmanes. No obstante la lógica debe ser el imperativo de cada musulmán, porque supone la conexión del significado de las palabras y el Corán fue revelado a la humanidad en clara lengua árabe. Esto quiere decir que todo lo que Allah dice en el Corán no es un conjunto de conjuros irracionales, que los mulla incultos recitan en diversas ocasiones. Corán es una profundísima conexión de significados que forman un tejido de múltiples capas. Únicamente es posible descifrarlo poniendo la atención absoluta en las leyes interiores del significado. La llave para estas leyes, de nuevo es el tawhid. Y el agujero de la cerradura en la que se introduce esta llave es el furkán (diferenciación).

De modo que las conclusiones que se sacan sobre el hombre, la sociedad, el conocimiento, la naturaleza del tiempo, de la materia etc., aplicando consecuentemente la “unicidad” y la diferenciación no poseen el carácter de “opiniones” subjetivas, sino que en realidad poseen el carácter de doctrina, llamada a convertirse en la base absoluta de la ideología islámica. Justamente de la comprensión de que la Revelación es en sí misma el reverso de la unicidad y la absoluta no identificación de Allah con respecto a todo lo que no es Él (todo lo que es), deriva todo lo demás, toda la visión del mundo del musulmán, que posee la naturaleza de la comprensión del mundo consecuente y el carácter del método científico.

4. ¿Qué significa para el musulmán el método científico? La propia ciencia puede ser totalmente distinta, así, por ejemplo, las matemáticas de los babilonios se diferenciaban visiblemente de las actuales, construidas sobre las representaciones matemáticas de los griegos. Los métodos pueden ser distintos a condición de que ofrezcan un sistema consecuente de la descripción del mundo que nos rodea. Allah (SWT) enseñó a Adán los nombres (lo que también implica los conceptos contenidos en estos nombres). La relación de los nombres que fue realizada a través de Adán, había construido a su alrededor el mundo organizado. Es suficiente con contemplar a los hombres que viven hoy para darse cuenta de que viven en mundos distintos, descritos por diferentes conexiones de significados. Desde nuestro punto de vista de hoy el mundo fundamentalmente no ha cambiado en los últimos cien o incluso doscientos años. Sí, han aparecido los satélites y los teléfonos móviles, pero no es más que basura. Parece que las realidades básicas siguen en su lugar: países, pueblos, instituciones sociales, familia, comunicaciones entre los hombres etc. Pero no es más que una apariencia. Nos separa de nuestros tatarabuelos un abismo: ellos veían el mundo de una manera completamente distinta, y las cosas, dentro del contexto de su actividad, también funcionaban  y se manifestaban de un modo completamente diferente. Encontramos en los viejos diccionarios las mismas palabras que usamos ahora y no nos damos cuenta de cómo ha cambiado su significado.

En el mundo constantemente están luchando varias lógicas y en cada etapa una de ellas resulta ser más fuerte y comienza a jugar un papel central. En los últimos 500 años las tecnologías de los significados que utilizaban los paganos occidentales resultaron ser más eficaces que las lógicas con las que estaba armada la clase intelectual musulmana. Como resultado ya en el siglo XX incluso los hermanos que creían con toda sinceridad tuvieron que aceptar sin más los significados y las lógicas, controladas por el enemigo o, como hacen muchos que se autocalifican de “salafistas”, renunciar a la lucha, a los esfuerzos, y declarar que la lógica en general es una completa tontería. Ambos caminos son completamente inaceptables para el Islam político. Debemos restaurar la lectura lógica del Corán que nos proporcione el método objetivo de la construcción de nuestras conexiones significativas sobre el escenario global, y que rompan así las lógicas del enemigo. Este método sobre todo abre el camino hacia el ijtihad político, sin el cual cualquier decisión de nuestros líderes estará dictada por el aparato lógico-conceptual, creado en los laboratorios intelectuales del kufr.

La asimilación de este método permite al musulmán alcanzar la libertad del pensamiento independiente no a pesar, sino gracias al Corán, dentro de la lógica coránica. Semejante libertad significa en primer lugar la independencia con respecto a la matriz global de la nueva civilización universal, controlada por Iblís a través del gobierno mundial.

5. El concepto central en la teología política del Islam es “el sentido”. No se trata simplemente del significado de las palabras, que también puede descifrar un ordenador en base a un programa. El sentido real presupone que en cada momento concreto el hombre comprende que está comprendiendo. Muchas personas viven como ordenadores: realizan su actividad, a veces muy compleja y que exige serios conocimientos, por puro reflejo. La comunicación entre estas personas tiene un carácter programado. Estas personas perciben a sí mismas y a todo lo que les rodea, incluidas las decisiones del gobierno, y la actuación de las clases dirigentes como algo dado que ocurre sin más, como la caída al suelo de una manzana desde una rama (Newton se había sorprendido ante este fenómeno tan común y lo puso en cuestión – y así nació la teoría de la gravedad). El sentido para el musulmán, en realidad, comienza a partir del momento en el que toma conciencia de que él como copartícipe en la misión del primer profeta Adam también es el portador de la partícula de Ruhullah. Partiendo del tawhid el musulmán debe saber que esta partícula, introducida en Adam, hecho de barro, es algo absolutamente distinto a toda la realidad circundante, gracias a la cual (partícula de Ruhullah) esta realidad circundante aparece ante él como el objeto del que él es el testigo. Si el corazón del hombre no participara en el Espíritu de Dios, del que Allah concedió a Adam, todo lo demás a su alrededor no sería más que el caos sin sentido, una interminable neblina de formas. Tan solo esta chispa de Ruhullah que por su diferencia detiene el mar del ser que fluctúa a nuestro alrededor es el sentido, y, al mismo tiempo, es la conciencia que testifica, a la que se dirigen las revelaciones de Allah, que descienden a lo largo de la historia a través de los profetas.

Precisamente la conciencia que testifica contra todo lo que está delante y lo que la rodea, - es el eje y la base de la política islámica. Conciencia contra el ser, Espíritu de Dios contra Iblís.


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